Eduardo de Ory



TÚ TAMBIÉN ERES MARIPOSA

Ven a mí, muñequita de rizados cabellos,
la visión de mis sueños, de mis sueños de azul,
porque tú también eres mariposa dorada,
porque tú también eres mariposa de luz.

Ven a mí, y en mis brazos deja el suave perfume
de tu cuerpo de mármol, que es mi eterna ilusión,
y en mi boca el aroma de tu boca de fuego:
llamaradas radiantes convertidas en flor.

Y en mi frente, que un día coronaste de rosas,
deja un beso fragante, delicioso y sutil,
encendido y rïente como un sol de esperanza,
vibrador como el canto del fugaz colorín.

Y después, cuando el sueño en tus brazos me deje,
veré lindos jardines, coronados de azul...
Y tu imagen nimbada de cien mil resplandores...
¡Aunque tú también eres mariposa de luz!

Eduardo de Ory

Eduardo de Ory



MIS POETAS

En la noche callada y misteriosa
vienen a mí: Verlaine con su alegría,
D'Annunzio con su rauda fantasía
y Heine con su lírica amorosa.

Con el vate francés escancio el vino
y celebro el placer y sus ardores;
con el de Italia dígole a las flores
rimas de luz, y al astro peregrino.

Pero con el autor de los Cantares
que dicen del dolor y la infortuna,
¡sólo a llorar acierto a mis pesares,
bajo la risa de la blanca luna!

Eduardo de Ory

Eduardo de Ory



EN LA NAVE

Gondolero: la góndola engalana
con banderas y cintas de color,
que me voy a embarcar con la galana
princesa de mi amor.

¡Vamos a hendir las cristalinas ondas
con nuestros sueños vanos
cual si fuéramos, ¡ay!, bajo las frondas
cogidos de la mano!

Cambiaremos así nuestras tristuras
en horas de dulzor.
Gondolero: ¡Serán nuestras venturas
en tu nave de amor!

Será nuestro placer, nuestro embeleso
sobre las olas del sonoro mar.
¡Allí, en un beso, un infinito beso,
nuestras almas por siempre se unirán!

Gondolero: la góndola engalana
con banderas y cintas de color,
¡que me voy a embarcar con la galana
princesa de mi amor!

Eduardo de Ory

Eduardo de Ory



DIOS

El que llena de flores los vergeles
y de águilas caudales las montañas;
el que lleva a las míseras cabañas
aromas de cariños y de mieles.

El que da la victoria y los laureles
al bravo paladín por sus hazañas;
el que allá, de la sierra en las entrañas,
vibra en los vientos de las noches crueles.

El que cuida del pobre pajarillo,
el que le da a los astros resplandores
y palideces en la luna encierra;

Quien compendia lo grande y lo sencillo,
quien es Señor de todos los señores:
¡ese es el Rey del Cielo y de la Tierra!

Eduardo de Ory

Eduardo de Ory



LA CANCIÓN QUE NO TE DIJE

La canción que no te dije
fue aquella ardiente canción
que mis besos, una noche,
entre tus labios dejó.

Trova de ritmos tan dulces
como los del ruiseñor,
como murmurios de selvas
bajo la lluvia del sol...

Tú la trova me inspiraste
y, en esas horas de amor,
en vez de rimar sus versos
preferí vivirlos yo...

Y así surgió la poesía
de esa sonora canción
bajo el temblor de tus labios
donde al nacer se quedó.

¡La canción que no te dije
fue aquella ardiente canción!

Eduardo de Ory

Eduardo de Ory



A UN TRISTE

¡Soñar! ¡Siempre soñar! Tal es la vida;
¿y qué mejor para pasar las horas,
las horas de sufrir, aterradoras,
y el recuerdo fatal que no se olvida?

¡Soñar! ¡Siempre soñar! Alma afligida
que tantos duelos y pesares lloras:
¡sin esas horas gratas, voladoras,
cuán cruel tu existencia dolorida!

¡Soñar! ¿Y qué es soñar? Soñar es todo:
es vivir más allá, dejar el lodo
de la tierra y volar hacia la altura.

¡Cruzar el mundo de miserias lleno!,
¡y acercarse a ese Dios, tan noble y bueno,
que trueca en bienestar la desventura!

Eduardo de Ory

Eduardo de Ory



RENUNCIACIÓN

No tengo desmedidas ambiciones,
no anhelo el triunfo, de otros perseguido,
y, sin ser vencedor ni ser vencido,
la vida cruzaré con mis canciones.

Pues lo mismo que huí de exhibiciones,
y de la vana pompa y del ruido,
pasaré por la vida, inadvertido,
con mis soñadas, íntimas canciones.

Y como no ansiaré preciados dones
ni habré de pretender los galardones
que otros artistas siempre han preferido,

¡ajeno a desmedidas ambiciones,
pasaré por la vida, inadvertido,
con mis soñadas, íntimas canciones !

Eduardo de Ory